domingo, 22 de diciembre de 2013

El origen del árbol de Navidad


En estos días las fiestas navideñas inundan los hogares por doquier y con ellas su característica decoración baña cada rincón de calles y moradas. No es difícil identificar el origen de la tradición que recrea el Belén que ornamenta nuestras casas –al margen de la polémica de si hubo o no mula y buey-. Pero qué sabemos de su inseparable acompañante, es decir ¿Por qué situamos en un rincón de nuestras casas el afamado árbol de Navidad?


En las diferentes culturas muchos son los arboles a los que se asocian propiedades beneficiosas y mágicas  llegando incluso a ser sacralizados. En la provincia de Bohustian, en la costa occidental de Suecia, se encuentran miles de grabados rupestres datados siglos antes de nuestra era, algunos de los cuales representan arboles de hoja perenne. No es de extrañar que un árbol que mantenía siempre su hoja verde cuando los demás perecían frente al frio llamase la atención de los habitantes de estos parajes.

Entre las leyendas relacionadas con la tradición del árbol navideño una de las más difundidas se asocia con los pueblos precristianos del norte de Europa, estos adornaban un árbol para conmemorar el nacimiento de Frey, dios del sol y la fertilidad; este árbol simbolizaba el Universo (Yggdrasil) en cuya cima se hallaba la morada de los dioses y el palacio de Odin (Asgard), en sus raíces estaba el reino de los muertos (Helheim).

Los romanos celebraban en diciembre las saturnales en honor a Saturno haciendo entrega durante las fiestas de regalos y presentes; también tenían la costumbre de adornar las puertas de cada casa con coronas de flores y hojas verdes e incluso colocando un árbol que adornaban con frutas.

Otra tradición de índole más cristiana sitúa el origen del árbol de Navidad en el siglo VIII cuando San Bonifacio (675-754), obispo de origen inglés, marchó a Germania para predicar la fe cristiana. En cierta ocasión se encontró con un grupo que estaba realizando un ritual en honor a un dios pagano bajo un árbol y, hacha en mano, derribo el árbol.  El Obispo se fijó entonces en un pequeño abeto que permanecía intacto frente al árbol caído lo cual se le antojó símbolo y revelación del perenne amor de Dios. Posteriormente lo  adorno con manzanas (que simbolizaban las tentaciones) y velas (que representaban la luz de Cristo)

Lejos ya de tradiciones y leyendas el árbol de Navidad, tal y como lo concebimos en la actualidad, surge en el siglo XVII en Alemaniacomo ambientación navideña y desde aquí se difunde al resto de Europa. En España, concretamente, parece ser que la primera vez que se colocó un árbol de Navidad fue en Madrid, durante las navidades del año 1870.

La decoración del árbol ha ido evolucionando pero los elementos más característicos siguen siendo la estrella, colocada en la cima conmemorando  a la Estrella de Belén  las esferas, que al inicio fueron manzanas que  aludían a las tentaciones, las luces como iluminación divina de Cristo y los lazos como símbolo de unión. A pesar de que la religión católica lo rechazó durante muchos siglos por considerarlo un ritual pagano finalmente acabó aceptándolo y a día de hoy es, sin duda, uno de los elementos más simbólicos de la Navidad.



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