domingo, 29 de diciembre de 2013

Alcohol y fármacos


Una de las principales preocupaciones surgen en Nochevieja si estás medicándote para combatir el resfriado, y además tienes una fiesta en la que habrá alcohol, es la siguiente pregunta ¿Podré tomarme una copa con la medicación? Siempre es recomendable leer el prospecto del fármaco que tomas, pero nosotros te hacemos un resumen general.

¿Con qué fármacos se debe evitar el alcohol?

Antibióticos, antituberculosos, analgésicos, depresores del sistema nervioso central, inhibidores de la monoaminooxidasa, antihistamínicos, hipoglucemiantes orales, son grupos farmacológicos que pueden interaccionar con el alcohol. El alcohol interactúa con una importante cantidad de medicamentos.

Los pacientes que consumen anticoagulantes orales deben evitar la bebida.

El alcohol aumenta el metabolismo hepático de los antibióticos y disminuye su concentración en sangre, por lo que su presencia en el lugar donde debe de hacer efecto es menor y también lo es su eficacia. Esta falta o disminución de efecto se puede dar en macrólidos y quinolonas, que se usan para tratar infecciones de garganta, urinarias o respiratorias.

Con algunos antibióticos la ingesta de alcohol precipita la aparición de una serie de síntomas. Se conoce como efecto antabús o efecto tipo disulfirán y se trata de manifestaciones clínicas que pueden ser leves o graves, y que van desde rubor facial (cara colorada), náuseas, vómitos, ansiedad, hasta incluso taquicardia, hipotensión, insuficiencia respiratoria o encefalopatía.

¿Genera algún problema mezclar antiinflamatorios y alcohol?

Tanto los antiinflamatorios no esteroideos (por ejemplo, el ácido acetilsalicílico, ibuprofeno...) como los esteroideos (prednisona, etc.) sumados al alcohol son gastrolesivos, es decir, producen pequeñas lesiones en la mucosa gástrica que provocan epigastralgia (dolor de estómago), pirosis (sensación de quemazón a nivel retroesternal causada por el reflujo del contenido gástrico hacia el esófago) e incluso, en casos de ingestión crónica (de los antiinflamatorios), la aparición de úlceras y hemorragias digestivas (principal complicación de la úlcera gástrica o duodenal).

¿Y con los analgésicos?

El principal problema se centra en el paracetamol. El alcohol aumenta la actividad enzimática del hígado y, en el caso del paracetamol, este incremento de su metabolismo se traduce en la aparición de un metabolito (una sustancia producto de la transformación que sufre el fármaco en el hígado). Curiosamente, este metabolito es un importante tóxico para el propio hígado.

¿Puedo tomar sólo una copa para celebrar fin de año?

El problema no llega a tanto. Salvo los fármacos que pueden generar un efecto antabús o disulfirán, mencionados más arriba, una copa no producirá problemas mayores. Lo importante es el consumo regular. Pero claro, ¿qué es esporádico y qué habitual? ¿Cuánto es mucho y cuánto es poco? Más que por número de copas, habría que tener presente la graduación de alcohol. Con una copa de vino, de unos 100 cc, o un vaso de cerveza, de 200 a 300 cc, no habrá grandes inconvenientes. Y si la copa de un destilado es pequeña, de 50 a 100cc, tampoco. Pero ojo, hay que tener presente todo lo dicho.

Puedes obtener más información pinchando en el siguiente enlace de El Mundo.


Autor: Pedro Jota

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