sábado, 19 de octubre de 2013

Libertad de Prensa y Democracia



Los medios de comunicación están en la base del progreso societario, de la convivencia, desde las premisas de la pluralidad y la conformación del conocimiento ciudadano en sus más diversas expresiones. La Libertad de Prensa ha sido la gran conquista de la Democracia. De ahí su ingente y necesario reconocimiento social como servicio público. 

El Periodismo, unido como está a las Revoluciones Industriales y a los grandes tránsitos de la sociedad, verdadera depositaria del Derecho a la Información, es la base sobre la que se sostiene toda comunidad de personas de bien. Precisamente porque es tan decisivo y determinante hallamos este Derecho en el apartado de los denominados Fundamentales de la presente Constitución Española de 1978.

Siguiendo el antedicho cimiento nos podemos permitir recordar algunas consideraciones dirigidas a conservar uno de nuestros bienes más preciados: el de la comunicación veraz, sin “segundas” intenciones, clarificadora, plural, ecuánime, diestra, defensora de las minorías y de aquellos que nos refrescan los actuales pensamientos globales con su anhelo y su derecho a disentir.

Una de ellas es que, dado que los profesionales de la información desarrollamos un papel básico, los distintos estamentos, las distintas corrientes societarias, no pueden, no deben, no podemos, ni debemos, poner objeción a las noticias que están debidamente documentadas y que son absolutamente veraces. Una sociedad plural defiende la Libertad de Prensa como concepto global y expansivo.

Por otro lado, cuando los periodistas no actuamos con la suficiente diligencia, si fuera el caso, cabe que se pidan, que pidamos, las oportunas rectificaciones o la puesta en marcha de medidas legales siguiendo los procedimientos establecidos por las normas, pero jamás debemos tolerar que se efectúen amenazas veladas o de viva voz. Hemos de reclamar sin ningún tipo de rodeos respeto para el trabajo de los profesionales, que cumplen, que cumplimos, nuestra función constitucional de servicio público y de interés general.

La actividad de los poderes y de las Administraciones, de cualquier entidad pública y privada, si fueran el caso o el objeto de las informaciones periodísticas, está sujeta, por su propia naturaleza, al conocimiento y al control societario, eso sí, desde el respeto, desde la consideración plena de sus derechos y deberes. Es algo obvio. La sociedad, hemos de recordarlo, es la depositaria del derecho y del deber de informar.

Como contrapeso o complemento a los poderes establecidos, los profesionales de la información hacen de vicarios o de representantes especializados de esa misma sociedad para conocer y divulgar aquello que ocurre y que tiene una cierta relevancia observando las reglas esenciales del buen Periodismo, como nos recordaba el profesor José María Desantes Guanter. Cuando no sea así, habrá que decirlo también desde el propio colectivo periodístico.

Un servicio público

Nuestra labor -la periodística- es social. No cabe aceptar que los periodistas o sus medios sean los culpables de contar aquellas cuestiones que sean ciertas, reiteremos, si lo son, si son verdaderas. En determinados momentos, en ciclos de toda índole, se convierte en una moda esta apreciación de condena al informador, una interpretación que trata de lanzar una cortina de humo sobre actuaciones denunciadas, más o menos lícitas, intentando que el mensajero se lleve un golpe, quizá como aviso a posibles osados a contar la verdad de cada día en los más diversos planos de la sociedad a la que, insistamos, se debe el periodista.

Asimismo, destaquemos la necesidad de afrontar la precariedad, el intrusismo, la pérdida de empleos en la profesión, los bajos salarios, la falta de suficientes compañeros en las redacciones que, a veces, merma la calidad de los trabajos ofertados. Frente a ello hemos de reaccionar e intentar que haya un cambio consensuado en la dirección de preservar el mejor trabajo del mundo, como diría el maestro Gabriel García Márquez. Al tiempo, hemos de preguntar, hemos de generar interrogantes, hemos de contribuir, como siempre hemos hecho, a la conciencia crítica ciudadana. Toda ayuda, en esta actitud y en las antedichas, es poca. Procuremos seguir avanzando. 


Autor:  Juan Tomás Frutos

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