domingo, 13 de octubre de 2013

Estrategias de seducción




“Seducimos valiéndonos de mentiras y pretendemos ser amados por nosotros mismos.”
Paul Géraldy

La seducción se confunde a menudo con una verdad a medias, o dicho de otro modo, con una sutil forma de engañar. Pero ese tipo de seducción lleva a la decepción de quien se enamora y a la profunda frustración de quien seduce por no poder ser uno mismo, confiando en que será amado.


Cuando se habla de ligar, casi todos lo hacen como si fueran expertos en la materia. En cambio, a la hora de practicar, no son tantos los que lo hacen con ciencia. Muchas veces se imita lo que hacen otros, o se aprende por “ensayo y error”. A nadie le gusta que le digan cómo seducir, pero todos, se aprenderían una fórmula mágica si existiera.

En esta ocasión vamos a dar algunas pinceladas que pueden ser útiles para todos aquellos que quieren atraer y enamorar a otra persona.

A lo largo de mi experiencia profesional he observado que una de las cosas que más le cuesta a la gente es romper el hielo. Los nervios juegan muy malas pasadas. A veces todo se queda en la ilusión de haber tenido una agradable conversación con alguien que nos parece especial. De los que dan el paso, muchos no pasan de un par de preguntas y un silencio incómodo. Los hay que sí que se acercan y acaban disfrutando de una amena interacción. En todos los casos, hay algo que es fundamental para disminuir la ansiedad y además conseguir que la persona, objeto de nuestro deseo, se lo pase mejor con nosotros.

La ansiedad, en este campo, muchas veces se produce por preguntas tales como “¿qué pensará de mi?”, “¿y si me rechaza?” u otras por el estilo. Observemos que el foco de atención en este caso está en uno mismo, no en la persona que deseamos conocer. Si ponemos una lupa sobre un texto, la zona que enfocamos se hará más notoria. Si la cambiamos de lugar no nos llamará tanto la atención. Del mismo modo, cuando nos centramos en nosotros, aumenta el estrés por quedar bien y por consiguiente el miedo a hacerlo mal. Si cuando interactuamos con otros nos hacemos las siguientes preguntas “¿qué me gusta de el/ella?” “¿qué intereses tiene esta persona?” etc., descubriremos que, de repente, ya no nos sentimos tan nerviosos y que nuestro compañero de interacción se sentirá mucho más valorado y puede que se interese más por la persona que le hace sentir de ese modo.

Hay que recordar que los sentimientos no se producen en el vacío, no sentimos vergüenza o miedo porque sí. Las emociones se vinculan a pensamientos y acciones. Más que tratar de “no ponernos nerviosos”, la clave está en averiguar qué pensamiento nos lleva a sentirnos así y alternarlo por uno más positivo. Cuando uno siente miedo al rechazo, cuanto más trate de no sentirlo más se enfocará en él.

Otra cosa muy importante es el manejo de las preguntas que hacemos en un diálogo. Si las preguntas son cerradas, del tipo “¿te gusta la música?” las respuestas sólo podrán ser “si” o “no” con lo que se da menos pie a que la conversación continúe. Si la pregunta es abierta, “¿qué tipo de música te gusta?”, es más fácil continuar la conversación de un modo distendido. Lo ideal es hacer una pregunta abierta, pero, si no se conoce a la persona, a veces es complicado. Por ello es recomendable, si se hace una primera pregunta cerrada, que se continúe con una que dé más variedad de respuesta.

Una duda muy común es sobre qué temas hablar. Lo más natural es ir en progresión, de cosas más generales a más personales. Por ejemplo, la pregunta “¿tienes novio/a?” es muy personal, da poco juego a la seducción. Cuando esta es la primera demanda de información en una conversación, el oyente puede interpretar que realmente no hay un interés genuino en él. Este tipo de preguntas hacen que desaparezca la “gracia” que se produce por la incertidumbre, o , dicho de otro modo, el encanto de la seducción. Por lo general, cuando alguien tiene pareja estable y quiere que la persona con quien tiene el placer de hablar lo sepa, se encargará de comunicarlo para evitar malos entendidos. Hay tantos temas de los que hablar y tanto por descubrir que quizá merezca la pena realizar el viaje de la seducción navegando poco a poco, disfrutando la conversación y el momento.

El verdadero seductor es aquella persona en cuya presencia, tanto hombres como mujeres se sienten valorados. No tanto la que desea ser el centro de atención, como la que centra su atención en los demás. No lo es el que se esfuerza el fin de semana por seducir, sino el que hace de su vida una forma de interactuar interesándose en los demás.

Las relaciones personales pueden ser una forma de desarrollo personal, de disfrutar y aprender. Por ello es un campo que merece la pena cultivar.
 


Autora: Anna Gil Wittke

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