domingo, 22 de septiembre de 2013

Más de la mitad



"Septiembre ya no es verano, se ha pasado la feria, la romería y los huertos. Murcia recupera su ritmo, su cadencia, su flujo habitual"

Una expresión relativamente recurrente cuando se habla de la edad es esa que se refiere a los años que decimos que tenemos y la paradoja de quien responde que en realidad esa cifra es la que hemos dejado ya de poseer. 

Ejemplo:
Abuelo: (…) Tengo setenta años.
Peregrina: Muchos menos Abuelo, esos setenta que dices son los que no tienes ya. (…)
(La Dama del Alba, Alejandro Casona)

Con el inicio del curso, la vuelta a las clases, a las actividades de ocio, a las noches de sábana por encima mientras dormimos, nos decimos que aún tenemos tiempo, todavía es septiembre, no he empezado desde el día uno, se me ha pasado el lunes, de la semana que viene no pasa, seguro que en octubre ya sí, y el consabido etcétera. Nos vendría bien acordarnos más a menudo de ese tiempo que ya no tenemos, de los días que han quedado atrás, de las oportunidades perdidas de hacer que esa planta arraigue. Se acabó agosto, por muchos días que queden hasta el otoño septiembre ya no es verano, se ha pasado la feria, la romería y los huertos. Murcia recupera su ritmo, su cadencia, su flujo habitual, con algún suceso llamativo de vez en cuando en pleno Paseo de la Libertad, quizá para que nos acordemos del lado cruel de la humanidad; ha pasado más de la mitad del mes y aún seguimos padeciendo los estragos de la enferma sociedad a la que pertenecemos, aunque queramos negárnoslo. 

Se nos agota el tiempo, y se pasaron de moda aquellas cadenas que saturaron las bandejas de entrada del correo electrónico con presentaciones repletas de imágenes, paisajes, musiquitas varias, que nos animaban a brindar y bailar, amar y entregarnos, disfrutar y maravillarnos por los grandiosos fenómenos naturales. Afortunadamente, los relojes, esos inventos del demonio, siguen vigentes, y por más que nos pese, los calendarios tienen razón, se apoderan de nuestra libertad y de valiente habremos de tildar a quien libre las arduas batallas que nos plantean. 

Cuarto y mitad, o mitad de cuarto, según para qué, y dependiendo de para quién. Las onomatopeyas, esas de las tes y las ces con las vocales i y a, son muy dañinas. Cuando las detectemos, que no sea antes de tener una respuesta muy bien preparada. Y acallarlas.


Autora: Susana Juan 

Twitter:@susaranda

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