lunes, 2 de septiembre de 2013

Vueltas a un concepto




Cuentan que una de las alegrías, de las fortunas, que los humanos experimentamos a lo largo de la vida es la amistad. Esa que suele surgir tanto en ocasiones previsibles como la que llega de un modo imprevisto, se produce en un contexto inesperado y en muchos casos son las que más perduran.

Otras son las lenguas que argumentan que la perdurabilidad no es un síntoma de solidez, que como defiende Albert Espinosa en su ‘mundo amarillo’ hay personas que están ahí por un motivo, durante un período de tiempo determinado para marcar un antes o un después en uno mismo. Un gran amigo, un imprescindible, puede ser alguien puntual, con quien no se vuelva a tener contacto posteriormente. También están quienes sí que esporádicamente se reencuentran y la relación se retoma justo en el punto en el que se quedó, todo fluye, sin silencios incómodos, sin reproches… y todo lo contrario, en algunas relaciones de amistad, de unos pocos días, meses o años, llega un momento en el que la conversación decae, la estima mengua, la unión ha dejado de estar ahí.

Quizás sean los que abogan por la bondad de la amistad quienes más necesiten experimentarla y por otro lado, quien no ha vivido en primera persona, o no lo ha detectado aún si está pasando por ello, el significado de contar con alguien de un modo tan particular (no como con un familiar, no como con una pareja, no como con un vecino, no como con un conocido…) pueda estar idealizando o en su caso infravalorando el concepto de amigo que desde niños nos han inculcado.

En cualquiera de los casos, y sin profundizar mucho en definiciones o etiquetas que poco aportan y mucho entorpecen, lo cierto es que aquellos que cuentan con una mano, dos, o incluso con los dedos de los pies, el número de amigos que tienen están a tiempo durante este final de verano de llamarles, quedar y brindar por ese triunfo personal.

El afecto es personal, puro y desinteresado… pero seguro que a más de uno se nos ocurren muchos modos distintos de completar esa acepción normativa. O algún otro de los términos abstractos sobre los que teorizamos… y practicamos. Cualquier tarde de estas, en la playa, la piscina o el sofá de casa delante del ventilador, mientras un granizado nos refresca el garguero y queremos pensar que las ideas también.


Autora: Susana Juan
Twitter:@susaranda

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