viernes, 30 de agosto de 2013

Lo que tienes que revisar de tu coche antes de un desplazamiento largo



  1.  Los amortiguadores:
    Uno de los componentes más importantes de la suspensión de un vehículo son los amortiguadores. A medida que se rueda con el coche, tanto el aceite del interior del amortiguador, como los elementos que regulan el flujo de este aceite se van degradando.

    La falta de mantenimiento de los amortiguadores y de las suspensiones produce una disminución de la estabilidad del vehículo, lo que puede ocasionar un accidente grave. En este sentido, hay ciertos indicios que denotan que los elementos de la suspensión de un coche requieren de una revisión. Se puede hacer una comprobación apoyando todo el peso en la carrocería del capó y soltando de golpe. Si el coche únicamente sube, el amortiguador está, casi con total seguridad, en buen estado. Por el contrario, si sube y rebota hacia abajo, lo más probable es que al amortiguador le quede muy poca vida útil. Si el coche oscila arriba y abajo en marcha, en cualquiera de los ejes o en los dos, cada vez que hay un bache, o hace extraños al coger una curva, ha de llevarse al taller porque, probablemente, los amortiguadores están en las últimas.

    Los amortiguadores se revisan, normalmente, a los 30.000 ó 50.000 kilómetros, y suelen requerir un cambio tras unos 50.000 ó 60.000 kilómetros. Unos amortiguadores en mal estado, además de poder provocar accidentes al causar inestabilidad en el coche (sobre todo, al frenar y en las curvas), pueden ocasionar desgastes irregulares en los neumáticos. Por ello, antes de viajar hay que comprobar el estado de las suspensiones.

  2. Los neumáticos:
    Constituyen el único punto de contacto del vehículo con la calzada y son esenciales para conseguir un alto nivel de adherencia, capacidad de frenada, prestaciones y seguridad. Ante el inicio de un viaje se debe comprobar el desgaste de los neumáticos, y revisar sus flancos y laterales, por si tienen algún golpe. Los neumáticos deben cambiarse cuando la altura del dibujo esté en 1,6 mm o por debajo. Además, atendiendo al manual de mantenimiento, conviene hacer una verificación de la presión, estando en frío, y teniendo en cuenta si se va a llevar más carga de la habitual. En este caso, hay que hincharlos más.

    En cuanto a la colocación de la carga, se debe situar las maletas más pesadas en la parte inferior del portaequipajes, equilibrando los pesos por cada rueda. Asimismo, hay que revisar que se lleva el gato y la llave, y se debe comprobar la presión de la rueda de repuesto.

  3. Los frenos:
    Para asegurar su óptimo funcionamiento es de vital importancia la comprobación de los frenos, así como la revisión del líquido de frenos, inspeccionando el depósito que lo contiene. El nivel debe estar entre el mínimo y el máximo de las marcas consignadas en el contenedor. Además, conviene utilizar el producto recomendado por un mecánico especialista, en función de la marca y modelo del vehículo, el uso que se le dé y la zona habitual de circulación. En cualquier caso, los expertos aconsejan reemplazar el líquido de frenos cada dos años o, incluso, antes. Si, al hacer la comprobación de los frenos, se percibe alguna carencia no se recomienda volver a rellenar el depósito, sino que conviene vaciarlo por completo en el taller y purgar el sistema, para evitar mezclas y contaminaciones.

  4. Los niveles:
    Además del líquido de frenos, hay que revisar otros niveles antes de salir de viaje, como el del aceite, el líquido de la dirección asistida, el de la refrigeración y el del limpiaparabrisas. Cuando el viaje se realiza en invierno, a la supervisión de estos líquidos, se añade la del anticongelante.

    • Aceite: conviene tener presentes las fechas de cambio del aceite, anotándolas en el libro de mantenimiento del vehículo. La comprobación del nivel se hace con la varilla indicadora. Si hay que añadir aceite, debe hacerse con el motor en frío. El nivel no debe estar por debajo del mínimo pero, si hay que agregar aceite, nunca se debe llegar al máximo.
    • Batería: aunque hay baterías que no necesitan mantenimiento, en otras muchas hay que verificar los niveles de los vasos y añadir agua destilada, si el líquido no cubre totalmente las placas. Los bornes de contacto de la batería han de estar limpios, bien atornillados y protegidos con vaselina o grasa.
    • Refrigeración: se debe comprobar el nivel del líquido del sistema de refrigeración con el motor frío. El nivel ha de estar entre el mínimo y el máximo y nunca debe llenarse del todo. Si se pretende realizar un viaje largo se aconseja llevar en el coche una botella con líquido refrigerante.

  5. La correa de distribución:
    Es un elemento primordial del motor, que sufre un gran desgaste cuando el vehículo está en funcionamiento, y su rotura implica la destrucción de otras piezas del motor. Al no haber ningún síntoma que permita anticipar la necesidad del cambio de correa, éste tiene que realizarse de manera preventiva. Por ello, debe ser reemplazado cuando se cumpla el kilometraje o el tiempo especificado por el fabricante, lo que antes suceda.

    En función del fabricante, del modelo y de la antigüedad del vehículo la frecuencia de cambio puede estar entre 60.000 y 240.000 kilómetros para los vehículos más recientes, o entre los cinco y los 10 años de antigüedad del coche.

  6. Las luces:
    Con el fin de aumentar la visibilidad del vehículo frente a otros usuarios de la carretera, desde 2011, los nuevos modelos de coche y camioneta que se comercializan en la UE llevan incorporadas luces diurnas o DRL (Daytime Running Lights), que se encienden de forma automática a la vez que el motor.

    Cada vez son más los automovilistas que, por seguridad, conducen de día con las luces encendidas. Por ello, aunque no haya previsión de viajar de noche, es importante verificar el alineado de las luces de los faros y corregirlo si es necesario. Se debe supervisar el correcto funcionamiento de todas luces y hay que asegurarse de que se lleva un juego de recambio.

  7. El filtro del aire:
    Es recomendable revisar el filtro del aire ya que, cuando está sucio, el consumo de combustible del coche aumenta y en un viaje largo la diferencia puede ser mayor que el precio de un filtro nuevo.

  8. La climatización:
    Conducir con calor es peligroso porque genera somnolencia. Si, durante el invierno, el conductor no ha encendido de vez en cuando el aire acondicionado, es posible que el líquido en el interior del circuito se haya deteriorado y no enfríe. En este caso, conviene cambiarlo sin dilación.

     Fuente: Consumer

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