jueves, 11 de julio de 2013

Crítica de cine: "Whisky"




Agradecido y sólido ejemplo de ficción de una de las culturas latinoamericanas menos conocidas cinematográficamente, la uruguaya Whisky (Juan Pablo Rebella & Pablo Stoll, 2004) también podría ser el modelo de referencia para aquellas películas que se esfuerzan por transmitir más por las imágenes que por los propios diálogos; uno de los más nítidos paradigmas de la fuerza de las fotogramas verbalmente silenciosos y una nueva reivindicación de que, en una producción,  el guión va mucho más allá de los meros diálogos.

La pareja de directores, en colaboración con el guionista Gonzalo Delgado, nos ofrecen una lúcida crónica sobre la incomunicación y la soledad en la que, a pesar del trasfondo y peso argumental de estos factores, su principal foco de atención termina siendo los efectos demoledores de una rutina elevada a la máxima potencia. La pareja protagonista, Jacobo (Andrés Mazos), propietario de una humilde fábrica de calcetines, y Marta (Mirella Pascual), su ayudante, protagonizan una historia de soledades cruzadas pero, por encima de todo, de esclavitud hacia una vida en la que parecen estar por mero tránsito. No tienen aspiraciones ni la más mínima ilusión, no más sobresaltos que el sonido del despertador de cada nuevo amanecer.

Los directores, plenamente conscientes del potente guión que tienen entre manos y sabedores igualmente que cuentan con un trío de sublimes actores que lo van a interpretar como si se les fuese la vida en ello, ya plasman en el demoledor y metafórico prólogo esa rutina que parece conducir la existencia de sus protagonistas. La llegada a Montevideo de Herman (Jorge Bolani), hermano de Jacobo con el que no mantenía contacto desde hace años, parece ser el golpe de efecto para romper con la monotonía establecida... pero también la excusa de los directores para profundizar en los pliegues interiores de tres personajes diferentes, en  tres clases de soledades y, en definitiva, en la curiosa relación que surge entre ellos. Así, con infinita sutileza y a través de un muy apropiado aroma costumbrista, los directores se esfuerzan por hacer palpable, y de forma gradual, el proceso de evolución interior del trío protagonista que, dicho sea de paso, llevan sobre sus espaldas todo el peso de una función absorbente y bastante compleja de interpretar.

Es obvio que Whisky no es una película fácil; su ausencia de diálogos -los directores se muestran muy hábiles a la hora de administrar los silencios, que aquí expresan más que las palabras- y su original puesta en escena -donde los movimientos de cámara brillan por su ausencia y la composición de unos planos que en todo momento tienden hacia en embellecimiento se encuentra milimétricamente trazada-, no la hacen recomendable a todo tipo de público. Sin embargo, aquel que disfrute con las películas intimistas, sencillas en apariencia pero complejas en el fondo, se dejará embaucar por una producción increíblemente honesta que optimiza la escasez de sus recursos hasta límites insospechados -desconozco cuántas cámaras hicieron posible su filmación, pero tan sólo con una hubiese sido suficiente-. Sólo captando algunas de sus aristas, estos es, la latente e inconfesa historia de amor subyacente o la afilada crítica a la conformista, apagada cotidianidad en la que muchos deciden basar sus vidas, se puede entender que una cinta tan austera se haya convertido en todo un fenómeno en festivales de medio mundo. Así, Whisky conquistó el Goya a la Mejor Película Extranjera de Habla Hispana, el Premio al Mejor Guión Latinoamericano en el Festival de Sundance o el Galardón Una Cierta Mirada y Premio FIPRESCI a la Mejor Película en Cannes, entre muchos otros. Un palmarés rompedor.

Con escenas tan significativas como esos hermanos que, recién reencontrados, apenas articulan palabra en el coche o esa jefe cuya soledad le ha transformado en un ser ingrato hasta con sus propios empleados, en este segundo largometraje del tándem Rebella & Stoll -tras la notable 25 Watts (2001)- se habla también de esas personas que pese a su cercanía tienen poco que decirse, despojadas incluso del valor suficiente de mirarse a la cara y, quizá, resolver así sus problemas. En definitiva, los directores consiguen, sin perder el tiempo en dilaciones, con no más metraje del necesario y haciendo gala de una extraordinaria sensibilidad, una película obligatoria para cualquier espectador inteligente. 



Si te ha gustado el artículo de nuestro bloguero, y no puedes esperar a la próxima semana, en su blog de cine "Se rueda" puedes encontrar más post.


Autor: Pablo Sánchez
Twitter: @PabloSMartinez
Blog: "Se rueda" 

No hay comentarios: