lunes, 22 de julio de 2013

Observarla en verano




Cornisas, ribetes, acabados, tejas, enlosados, árboles, fachadas, edificios, monumentos… Trata, en una de estas largas tardes de verano, de cerrar los ojos, y pensar en al menos diez elementos diferentes característicos de las calles peatonales del centro de Murcia. 

¿La cifra es elevada? Delante del televisor no va a aparecer la respuesta, tampoco a través de un ordenador o dispositivo móvil con conexión a Internet. Merece la pena salir a pasear, sin otro objetivo que descubrir, ahora que la ciudad pierde parte de la vida que tiene otros meses, ahora que Murcia puede transitarse sin agobios, esos pequeños detalles que con las prisas del día a día pasan desapercibidos. Cualquier excusa es válida para recorrer con la mirada, sin prisa, cualquiera de las fachadas de la Catedral, y darse cuenta de las anécdotas que cuenta. Para girar sobre uno mismo, mirando hacia arriba, en la Plaza de Santo Domingo y apreciar guiños. En los comercios, esos de toda la vida,  suele haber mostradores tras los que surgen las historias más emotivas, más reveladoras. Y ahora, que desde después de la siesta y hasta la hora de la fresca hay un buen rato, es el momento idóneo para escuchar. Para aprender de Murcia, para sentirse murciano se viva en La Flota o en una pedanía. Porque un granizado de limón tiene su arraigo y un pastel de carne muestra de dónde se es, qué gusta y por qué Espinardo y las marineras hacen tan buen matrimonio. Ahora, y luego después en agosto más, que no haya sitio en la playa para más sombrillas permite que la huerta nos brinde una ocasión perfecta para acercarnos a ella, para corresponderla, y hacer ver que tanto enaguas como zaragüeles también tienen sentido fuera de su martes. 


Autora: Susana Juan 
Twitter:@susaranda

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