jueves, 18 de julio de 2013

El 52% de los españoles reconoce "cierto agobio" al separarse de su móvil



La nomofobia es el miedo a salir de casa sin el teléfono móvil. 

Así describe la Wikipedia una patología que comparten más de la mitad de los españoles, según el Centro de Estudios Especializados en Trastornos de la Ansiedad, sin que los propios afectados tengan constancia de ello.

La dependencia llega a ser enfermiza. Ansiedad, nervios, inseguridad y un vacío interno que incluso supera al del ayuno. La epidemia del siglo XXI se extiende de forma implacable y silenciosa entre la totalidad de la población. Los resortes no sólo saltan cuando se produce el olvido del móvil, sino también cuando se agota la batería o cuando nos movemos por zonas donde no existe cobertura celular.

Para medir el alcance del fenómeno, este reportero lanzó el pasado 2 de julio el siguiente tuit: "¿Alguien se atreve a pasar el 8 de julio sin el móvil y luego contarme cómo sobrevivió para un reportaje?".

El reclamo prendió viralmente en Twitter hasta el punto de captar más de cien voluntarios para participar en la experiencia. Periodistas, ingenieros, médicos, estudiantes, sociólogos, mecánicos y numerosos desempleados hicieron suyo el reclamo #undiasinmovil. La curiosidad del desafío les animó a apagar el móvil durante 24 horas para reflexionar sobre ese aparato diabólico que se ha instalado en nuestras rutinas. La conclusión es que no hay nada como echar de menos el smartphone para valorarlo en su justa medida.
No más lejos de un metro

Las estadísticas asustan. Un tercio de la vida de las personas se consume en actividades digitales, todas ellas viables con el smartphone. Uno de cada cuatro españoles utiliza a diario dos líneas de móvil. El 90% de las personas no se separa más de un metro del móvil durante las 24 horas del día. El 85% de los ciudadanos estadounidenses preferiría no beber agua antes que renunciar al dispositivo en el que habita el email, las redes sociales, las principales aplicaciones y la mensajería gratuita.

El 80% de los alemanes prescindiría de su pareja antes que del móvil. El 52% de los españoles reconoce "cierto agobio" al separarse de sus dispositivos, además de sufrir leves trastornos en su rutina diaria, concentración y salud. Más de la mitad de los españoles consulta su Facebook, Twitter o correo durante las comidas familiares, y cada vez con menos pudor o disimulo. También el 78 por ciento de los usuarios echa un vistazo a su terminal nada más levantarse.

El smartphone acompaña en el cuarto de baño a tres de cada cuatro españoles y en algunos restaurantes japoneses ya disponen de un platillo para que los comensales coloquen el dispositivo a la vista. Los españoles también estarían dispuestos a sacrificar el televisor o el coche propio antes que verse sin su smartphone. Dos de cada tres consumidores prefieren olvidarse de comer antes que de salir de casa sin el móvil. Dicen que una persona normal consulta su móvil más de 34 veces al día.

Los mismos usuarios son los que silencian el smartphone en el cine, teatro o en la ópera, sin apagarlo completamente. El 70 por ciento de las mujeres británicas reconocen sentir algo parecido al pánico si pierden su móvil. Todos los datos anteriores, extraídos de diferentes estudios, quedarán obsoletos en poco tiempo.

Visto con cierta perspectiva, nadie puede dudar de que las pautas de conducta impuestas por la telefonía móvil han cambiado radicalmente en los 20 últimos años. Llevaba razón Julio Linares, consejero de Telefónica y padre adoptivo del ADSL español, cuando el año pasado aseguró que la telefonía móvil "era como el agua o el aire", elementos con los que resulta imposible vivir. No exageraba tampoco el directivo cuando describía un mundo digital tan apabullante en el que incluso habitantes del Tercer Mundo sin acceso al agua corriente o a la electricidad sí tenían un móvil siempre a mano.
Fuente: El Economista

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